Thursday, February 23, 2012

Hablándole a la mujer equivocada - Parte I

Quienes me conocen saben sobradamente que soy un perfecto imbécil cuando de levantarse una vieja se trata. Soy el típico personaje que, con 1.65 de estatura y cara de niño, se siente intimidado porque suele salir por Medellín con un grupo de amigos españoles con mas de 1.80 de estatura y porte europeo.

Soy ese tipo de hombres que se sienta en la mesa del sitio de rumba poniendo cara de interesante a ver si alguna de esas mujeres infinitamente guapas se acerca a hablarme, soy de esos que camina hacia el baño esperando que alguna interrumpa mi camino y me diga “oye, ¿quieres bailar?” y también soy de esos que luego de 4 horas de fiesta lo único que ha hecho es tomar aguardiente y animar a sus amigos a que le hablen a las viejas que no él no es capaz de hablarle. En conclusión soy el típico personaje que nunca le habla a una vieja en un bar/discoteca/fila de banco por pura y física pena.

EL RITUAL – Parte I

"Aún estamos sobrios pero vamos para ebrios"

Esta historia empieza el día del cumpleaños de uno de mis amigos españoles. Ese día salimos cuatro de fiesta: él, su novia, otro español y yo (me reservo los nombres para evitar que sean identificados como conocidos míos pero ellos, si leen esto, saben quienes son y se reirán de mí como yo me reí escribiéndolo). Hicimos el paseo típico para un día de rumba: cena, cervezas y luego de las 10:00 PM (y ante la pregunta de y ahora ¿Qué hacemos?) decidimos ir al mismo sitio de rumba de siempre. Ya en la puerta empieza el ritual, que quienes salen o han salido conmigo de rumba, conocen de memoria. Un cigarro a la entrada como “tanteando el terreno”, ahí sacamos las billeteras y nos acercamos a la entrada esperando que nos dejen entrar por cometer el delito de salir de fiesta solo hombres en Medellín. Ya hasta nos hemos hecho amigos de los guardias que nos saludan con un clásico “¿bien o no?”. Ese día empezó raro desde la entrada del sitio. No hicimos nada distinto a fumarnos el cigarro, ir hacia la puerta pagar nuestras entradas y recibir una mirada extraña cuando el de seguridad vió que íbamos con una mujer.

Entramos y siguió el rito. Se acerca el mesero y pregunta -¿Qué Quieren Tomar?- (estoy seguro que se decía a “si mismo” porque nos hacía la pregunta si sabía que íbamos a pedir aguardiente, pero supongo que preguntarles sabiendo la respuesta es parte de la cortesía de ser mesero y atender los mismos clientes), ante la pregunta del experto mesero dijimos “Media de aguardiente y media de ron que hoy queremos tomar poquito” (suponiendo que media de ron y media de aguardiente sean poquito).

No nos podemos sentar porque no hay sillas disponibles, así que nos quedamos “bailando” alrededor de un cubito que hacía las veces de mesa. Empiezan las canciones bailables (algo de merengue, algo de salsa y algo de reggaetón) y se abre la nueva etapa de mi ritual de rumba. ¿Guaro?, todos los de la mesa asienten. Sirvo las copas, brindamos por alguna razón (esta vez el cumpleaños de un amigo) y nos pasamos el primer trago de guaro. Ese que todo el mundo hace mala cara al tomarse. Acto seguido, y sin dejar caer la copa de los que recién se toman el primero, pregunto ¿Guaro?. Esta vez nadie dice nada pero todos ponen sus copas, como resignados a tomarse ese (y muchos mas) aguardientes que les dejarán un guayabo mortal pero una tremenda noche de rumba. “¡No existe mejor activador que el aguardiente! Sirve hasta para prender un carro” dice el adagio popular.

El Ritual - PARTE II

"Ya estamos prendos pero … ¿Para dónde vamos? "

Ya después de unos guaritos empieza (y empezó) a relajarse el ambiente, así que es momento de activar el siguiente paso del ritual: Un codazo al mas cercano de mis amigos, esta vez el único soltero por lo que el otro tiene novia, para decirle -“Jey, esa vieja está buenísima. Ve y le hablas”- e insistirle en que le hable con frases como “marica te está mirando. Ve y le hablas. No tiene pierde” o la típica “Si yo fuera tú, iría. No tienes nada perder”. Casi nunca funciona. Debe ser porque tratar de pasarle algo de mi coraje es absurdo ya que no tengo ninguno cuando de hablarle a una vieja se trata.

Esa noche era diferente. Mis amigos y yo no somos los mas bailarines del mundo pero ese día (creo que en parte también culpa de las 3 medias de guaro que ya nos habíamos tomado) estábamos tres tipos moviendo, arrítmicamente, hombros y caderas mientras la novia de mi amigo trataba de transmitirnos algo de ritmo y, sea dicho, enseñarnos a bailar a 3 hombres ella sola. Cuando me imagino como nos vería alguien desde afuera no puedo evitar la risa: Tres tipos moviéndose como tablas, dando saltitos para tratar de sentirse con ritmo, mirando a la misma vieja y tratando de imitar sus movimientos. ¡Esto raya entre la ridiculez y el escarnio público!

Los codazos a mi amigo no pararon, es mas, aumentaron cuando al bar entraron tres viejas, dosde ellas unas gemelas espectaculares con dos tipos. Se acomodaron en un cubito muy cercano al nuestro. Era inevitable no quitarles la mirada. Eran simplemente espectaculares y se movían como diosas. Entre su sonrisa y sus movimientos cautivaban a cualquiera. Estaba, prácticamente, todo el bar (incluidas las otras viejas presentes en el sitio) mirándolas y viéndolas llenar espacios vacíos con su imponente belleza. Era tal la imponencia que, aunque el bar estaba lleno, tenían suficiente espacio para bailar aunque no estaban en ninguna mesa VIP. Nadie se les acercaba por miedo a volverse de piedra (almenos eso creo yo).

De repente siento un golpe en mi brazo, es el codo de un amigo (el mismo que llevaba toda la noche recibiendo mis codazos) para decirme “ve y háblales” en un claro y “comprensible” acento español. Me cagué de la risa, lo miré con cara de “si como no” y seguimos hablando de otra cosa, tomando guaro, riéndonos de cualquier tontería. Evidentemente también hablábamos de lo bonitas que estaban esas gemelas. Minutos mas tarde, recibí otro codazo y la frase que me sonaba conocida “ve y háblale. No tienes nada que perder” (¡Estaba usando mi técnica en mi contra!).

Para ver qué pasa y enterarse como le terminé hablando a una modelo sin saberlo lea "Hablándole a la mujer equivocada - Parte II"

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