Lentamente y sin poder creer en lo que estaba pasando me tumbé sobre ella; con las rodillas aún frías y para empezar a con mis manos clavadas ella repetía, como todo un novato y haciendo evidente mi poca experiencia, lo que había visto en cientos de películas: la tensión en los muslos, el arqueo en la espalda, la posición de mis tobillos. Trataba de repetirlo todo tal como lo había visto.
Los cambios de posición fueron lo mas complejo ya que mis movimientos aún torpes y faltos de práctica me dejaban en evidencia y terminaba, de nuevo, encima de ella de manera estrepitosa, casi podía oir la risa de quienes me veían malobrar sobre su delicado cuerpo.
Con el tiempo, podría ser una hora, empecé a reconocer mis movimientos, a hacerlos mas fluidos y armónicos; Mi baile sobre ella terminó cuando la hube recorrido de los pies a la cabeza. Subí y bajé, me deslice de punta a punta de su cuerpo una vez cada 3 minutos durante 4 magníficas horas.
Y así mi estimado lector perdí mi virginidad en la nieve, fue así como recorrí, sobre una tabla de snowboard, la nieve artificial de la pista de ski del centro comercial Xanadu en Madrid.


