Monday, February 27, 2012
Iglesia de los Jedis de los Últimos Días
Thursday, February 23, 2012
Hablándole a la mujer equivocada - Parte I
Quienes me conocen saben sobradamente que soy un perfecto imbécil cuando de levantarse una vieja se trata. Soy el típico personaje que, con 1.65 de estatura y cara de niño, se siente intimidado porque suele salir por Medellín con un grupo de amigos españoles con mas de 1.80 de estatura y porte europeo.
Soy ese tipo de hombres que se sienta en la mesa del sitio de rumba poniendo cara de interesante a ver si alguna de esas mujeres infinitamente guapas se acerca a hablarme, soy de esos que camina hacia el baño esperando que alguna interrumpa mi camino y me diga “oye, ¿quieres bailar?” y también soy de esos que luego de 4 horas de fiesta lo único que ha hecho es tomar aguardiente y animar a sus amigos a que le hablen a las viejas que no él no es capaz de hablarle. En conclusión soy el típico personaje que nunca le habla a una vieja en un bar/discoteca/fila de banco por pura y física pena.
EL RITUAL – Parte I
"Aún estamos sobrios pero vamos para ebrios"
Esta historia empieza el día del cumpleaños de uno de mis amigos españoles. Ese día salimos cuatro de fiesta: él, su novia, otro español y yo (me reservo los nombres para evitar que sean identificados como conocidos míos pero ellos, si leen esto, saben quienes son y se reirán de mí como yo me reí escribiéndolo). Hicimos el paseo típico para un día de rumba: cena, cervezas y luego de las 10:00 PM (y ante la pregunta de y ahora ¿Qué hacemos?) decidimos ir al mismo sitio de rumba de siempre. Ya en la puerta empieza el ritual, que quienes salen o han salido conmigo de rumba, conocen de memoria. Un cigarro a la entrada como “tanteando el terreno”, ahí sacamos las billeteras y nos acercamos a la entrada esperando que nos dejen entrar por cometer el delito de salir de fiesta solo hombres en Medellín. Ya hasta nos hemos hecho amigos de los guardias que nos saludan con un clásico “¿bien o no?”. Ese día empezó raro desde la entrada del sitio. No hicimos nada distinto a fumarnos el cigarro, ir hacia la puerta pagar nuestras entradas y recibir una mirada extraña cuando el de seguridad vió que íbamos con una mujer.
Entramos y siguió el rito. Se acerca el mesero y pregunta -¿Qué Quieren Tomar?- (estoy seguro que se decía a “si mismo” porque nos hacía la pregunta si sabía que íbamos a pedir aguardiente, pero supongo que preguntarles sabiendo la respuesta es parte de la cortesía de ser mesero y atender los mismos clientes), ante la pregunta del experto mesero dijimos “Media de aguardiente y media de ron que hoy queremos tomar poquito” (suponiendo que media de ron y media de aguardiente sean poquito).
No nos podemos sentar porque no hay sillas disponibles, así que nos quedamos “bailando” alrededor de un cubito que hacía las veces de mesa. Empiezan las canciones bailables (algo de merengue, algo de salsa y algo de reggaetón) y se abre la nueva etapa de mi ritual de rumba. ¿Guaro?, todos los de la mesa asienten. Sirvo las copas, brindamos por alguna razón (esta vez el cumpleaños de un amigo) y nos pasamos el primer trago de guaro. Ese que todo el mundo hace mala cara al tomarse. Acto seguido, y sin dejar caer la copa de los que recién se toman el primero, pregunto ¿Guaro?. Esta vez nadie dice nada pero todos ponen sus copas, como resignados a tomarse ese (y muchos mas) aguardientes que les dejarán un guayabo mortal pero una tremenda noche de rumba. “¡No existe mejor activador que el aguardiente! Sirve hasta para prender un carro” dice el adagio popular.
El Ritual - PARTE II
"Ya estamos prendos pero … ¿Para dónde vamos? "
Ya después de unos guaritos empieza (y empezó) a relajarse el ambiente, así que es momento de activar el siguiente paso del ritual: Un codazo al mas cercano de mis amigos, esta vez el único soltero por lo que el otro tiene novia, para decirle -“Jey, esa vieja está buenísima. Ve y le hablas”- e insistirle en que le hable con frases como “marica te está mirando. Ve y le hablas. No tiene pierde” o la típica “Si yo fuera tú, iría. No tienes nada perder”. Casi nunca funciona. Debe ser porque tratar de pasarle algo de mi coraje es absurdo ya que no tengo ninguno cuando de hablarle a una vieja se trata.
Esa noche era diferente. Mis amigos y yo no somos los mas bailarines del mundo pero ese día (creo que en parte también culpa de las 3 medias de guaro que ya nos habíamos tomado) estábamos tres tipos moviendo, arrítmicamente, hombros y caderas mientras la novia de mi amigo trataba de transmitirnos algo de ritmo y, sea dicho, enseñarnos a bailar a 3 hombres ella sola. Cuando me imagino como nos vería alguien desde afuera no puedo evitar la risa: Tres tipos moviéndose como tablas, dando saltitos para tratar de sentirse con ritmo, mirando a la misma vieja y tratando de imitar sus movimientos. ¡Esto raya entre la ridiculez y el escarnio público!
Los codazos a mi amigo no pararon, es mas, aumentaron cuando al bar entraron tres viejas, dosde ellas unas gemelas espectaculares con dos tipos. Se acomodaron en un cubito muy cercano al nuestro. Era inevitable no quitarles la mirada. Eran simplemente espectaculares y se movían como diosas. Entre su sonrisa y sus movimientos cautivaban a cualquiera. Estaba, prácticamente, todo el bar (incluidas las otras viejas presentes en el sitio) mirándolas y viéndolas llenar espacios vacíos con su imponente belleza. Era tal la imponencia que, aunque el bar estaba lleno, tenían suficiente espacio para bailar aunque no estaban en ninguna mesa VIP. Nadie se les acercaba por miedo a volverse de piedra (almenos eso creo yo).
De repente siento un golpe en mi brazo, es el codo de un amigo (el mismo que llevaba toda la noche recibiendo mis codazos) para decirme “ve y háblales” en un claro y “comprensible” acento español. Me cagué de la risa, lo miré con cara de “si como no” y seguimos hablando de otra cosa, tomando guaro, riéndonos de cualquier tontería. Evidentemente también hablábamos de lo bonitas que estaban esas gemelas. Minutos mas tarde, recibí otro codazo y la frase que me sonaba conocida “ve y háblale. No tienes nada que perder” (¡Estaba usando mi técnica en mi contra!).
Para ver qué pasa y enterarse como le terminé hablando a una modelo sin saberlo lea "Hablándole a la mujer equivocada - Parte II"
Hablándole a la mujer equivocada - Parte II
Esta es una continuación de "Hablándole a la mujer equivocada - Parte I" ... le agradecería se ría tanto como yo escribíendolo y me ayudara a que @Mare_montoya y @Eli_montoya lo leyeran
RITUAL PARTE III
"¿A dónde vamos? … Al barranco como los lemmings"
Quienes me conocen, repito, saben que no le hablo a las viejas en los bares, pero esta vez tenía suficiente aguardiente en la cabeza como para no estar ebrio y tener los cojones de Charliee Sheen. Esa noche YO me sentía como un galán en potencia o por lo menos como una persona que no tiene nada que perder. Al final iba a ser otro NO como respuesta.
Me quedé mirando a una de las gemelas y apenas quedó un poco de espacio entre mi mesa y su mesa decidí acercarme a decirle alguna tontería. Recordé las lecciones de mi mejor amigo ese que siempre se levanta viejas diciéndoles alguna tontería, desarmándolas. Pero, como era de esperarse, no tenía ninguna idea. Me quedé, a medio camino, con un vaso de agua en la mano y con una cara de idiota. Ella se quedó mirándome con cara de “y a este que le pasa” y siguió bailando, yo por supuesto hice la jugada del amague me hice el loco como si se me hubiera desamarrado un cordón y me agaché a amarrármelo. Quedé como un doblemente idiota porque justo cuando me agaché me di cuenta que no llevaba zapatos con cordones.
Al llegar de nuevo a mi mesa (es decir al dar dos pasos de vuelta) estaba con la dignidad por el piso y completamente vencido. Tenía esa sensación de derrota, esa sensación que se transforma en una reacción instintiva para evitar volver a quedar en ridículo. Estaba dispuesto a no tratar, nunca más, de acercármele. No había hecho el ridículo una sola vez, lo hice dos veces en menos de 30 segundos. Tres en una noche no tenía sentido. Me acomodé en mi mesita y me serví un guaro doble, esperando que llegara la pregunta que sabía que iba a venir. Agaché la cabeza y esperé, con los ojos cerrados (y aún mirándome el zapato que pretendía amarrarme) ese codazo que al instante llegó. “¿Qué pasó colega?, te quedaste a medio camino”, me dijo el Soltero. Sentí de nuevo la derrota en carne propia y solo atiné a inventarme una tontería “no es que cuando me acerqué el que está con ella se puso enfrente mío pero balbalalla” Empecé a balbucear alguna especie de excusa en una jeringonza extraña esperando que, con el ruido de la música, mi colega no me entendiera y solo moviera la cabeza en un gesto de aceptación, cosa que no sucedió. Recibí otro codazo y me dijo “déjate de gilipolleces, ve y háblale de una puta vez. Igual ya hiciste el idiota dos veces, así que una tercera da igual. Peor no puedes quedar” (¡De nuevo estaban jugando mis cartas en mi contra!). Estaba decidido. Iba a volver a intentarlo ¡Al Barranco como los Lemmings!
RITUAL PARTE IV
"¿Qué se siente tener todo el bar mirándote?"
Ya había hecho todas las cosas que me podían quitar el poquito de dignidad masculina que me quedaba (y que había ganado con el buen uso de los codazos de mi colega), así que me tomé un guaro para ganar fuerzas y, tras una media hora o algo así, me animé a volver para ir a decirle alguna tontería. No tenía nada claro que decirle, solo sabía que iba a decirle algo.
Para este momento mis amigos ya habían pedido un par de cervezas, tomé una (para verme mas relajado como quien no quiere la cosa) me le acerqué y le dije algo como “No tengo ni idea de bailar pero si me enseñas hasta nos reímos un rato”. Ella con cara de sorprendida se quedó mirándome sin decir palabra y justo, cuando yo creo que iba decir que si, se acabó la canción y me dijo algo como “Ahora mas tarde es que ya se acabó la canción”. Nunca sabré si realmente estaba dispuesta a bailar o si su gesto fue medianamente despectivo. Solo sé que de los nervios me fui directamente a mi mesa con una sonrisa en la cara. No solo había vencido mis miedos sino que, aunque me lo esté inventando yo (cosa que puede ser), ella almenos había dudado en decir si si o si no. Punto para mí.
Evidentemente no iba a acercarme ahí mismo a decirle que bailáramos la siguiente canción. Seguro me vería como un necesitado e iba a decir que no. Prefería mantener distancia, como quien no quiere la cosa (¡como si alguna vez funcionara!) Y seguir en mi rollo. Ya había tenido suficiente suerte con que no me dijera que no de una. No iba a tentar el destino dos veces. Para este punto, no sé si quien este leyendo esto me entienda, mi reto no era, es ni será terminar siendo el galán de vereda que se las levanta a todas (además no tengo ni la presencia ni el interés de hacerlo), mi interés era vencer mis miedos. Dejar la tontería a un lado, hablarle a una desconocida y solo saber su nombre. Con eso ya había ganado. El reto era personal.
Tenía un embrujo mágico, cuando miraba a mi alrededor, tratando de ver como estaba el ambiente, era inevitable que mis ojos pasaran, por lo menos un segundo, por el sitio donde ella estaba. Para ese momento, aunque eran dos gemelas, yo ya sabía a cual le había hablado. Por lo menos yo ya podía diferenciarla.
El final de la noche se acercaba y con ella el fin del ritual de rumba. Los 4 teníamos que trabajar al otro día y estábamos lo suficientemente cansados con las lecciones de baile como para quedarnos un rato mas. No había sido capaz de volver a ir a hablarle, solo cruzaba una fugaz mirada para saber si ya se habían ido. Decidimos marcharnos y yo, ni corto ni perezoso, me decidí a ir de nuevo a hablarle. No necesitaba nada aparte de su nombre. Había hecho el ridículo, roto mis paradigmas y salido victorioso. Vini, Vidi, Vinci. Con eso mi victoria sería redonda.
Hablándole a la mujer equivocada - Parte III
Esta es una continuación de "Hablándole a la mujer equivocada - Parte I y Parte II" donde les cuento, a quienes lean esto, como terminé hablándole a una modelo sin darme cuenta ( @Mare_montoya y @Eli_montoya )
¡¡¡ESTO SOLO ME PASA A MÍ!!!
"No me jodas, ¡Esto solo me pasa a mí! "
Internet es un espacio grande y amplio donde uno se puede encontrar lo que sea. Fotos del primo mojigato en una fiesta salida de tono (ojo que yo puedo parecer el primo mojigato), videos de ese amigo tuyo al que siempre le tienes celos por sus fotos alrededor del mundo, pero lo último que esperas es encontrarte, en una revista reconocida una cara conocida.
Estaba navegando por internet y hablando por mi celular cuando me encontré, por casualidad universal, un link en la página del tiempo sobre las famosísimas miss yuca. Eran esas modelos colegiales que escogía una emisora colombiana en una especie de reinado. Quería ver si me encontraba con alguna cara conocida. Tal vez la amiga de un amigo de una prima de mi tía abuela nos habría presentado. Evidentemente no fue así. Ví el artículo y leí las fotos (los verbos están invertidos a propósito) y cuando ya me disponía a cerrar la ventana del explorador sentí, de reojo, que me observaban desde la pantalla del computador. Recorrí, lentamente, toda la página para saber de donde procedía tan extraña mirada y me encontré cuatro ojos que me miraban, cuatro ojos que se me hacían conocidos y debajo un título que rezaba “Especial de Gemelas”. Me quedé frío. No sabía que decir y solo solté una carcajada enorme y dije, casi gritando, NO ME JODAS, ¡ESTO SOLO ME PASA A MÍ!...
Como era de esperarse abrí el vínculo y me encontré dos gemelas espectaculares que tenían, en fotos, esa misma imponencia que ví en primera persona en el bar un par de semanas antes. No lo podía creer. Le mandé, eso si un poco tarde, un mensaje a mi colega (ese que tanto me había animado a hablarle) con el link diciéndole que era imposible si esas no eran ellas.
Hoy, 23 de enero y día en el que escribo esta entrada del blog, me senté al lado de mi colega y le pregunté si había visto lo que le había enviado. Me dijo que no, que ya lo miraba. Abrió el mensaje, leyó mi pregunta. Abrió la página y abrió también los ojos como dos platos enormes. Solo atinó a decir ¡Si, son esas!
Empecé a atar cabos y me dí cuenta que algo extraño sucedía conmigo. No soy capaz de hablarle a ninguna vieja y justo me animo a hablarle a la mas imposible de todas. No he parado de reírme de mi mismo. Pero había algo mas extraño. Le había preguntado el nombre a una modelo famosa. Creo que su silencio cuando le pregunté el nombre no fue propiamente por culpa de mi excelente discurso al hablarle, creo que quedó mas bien fría por el hecho de que se lo preguntara. Yo debía saberlo, ella es una diosa del modelaje y yo un mortal de la consultoría. Los dioses NUNCA saben el nombre de los mortales. Estaba rompiendo ese pacto implícito entre dioses y mortales. Pero como yo soy un especialista en romper pactos divinos les cuento esto para que me ayuden con una cosa. Ese día me fui del bar creyendo que había salido por la puerta grande, había ganado aunque no hubiera oído su nombre. Ella lo había dicho. Hoy quiero saber el de ella. Se, por el artículo de SOHO, que una se llama Marcela y la otra Elizabeth. La cuenta de twitter de las gemelas Montoya es @Mare_montoya y @Eli_montoya así que si me ayudan a que alguna de ellas lo lea (o quien maneje su cuenta de twitter lo haga) y me transmita su nombre habrán ayudado a un idiota como yo a saber el nombre de una modelo a la que algún día le habló. Así si tendría mi victoria completa.
