Fuí educado en Colegios y universidades de Jesuítas, pero eso no evitó que, de manera casi sistemática, me cuestionara sobre la naturaleza de lo "divino".
Durante mis años en el colegio vi miles de ceremonias religiosas en las que bebían la sangre del padre y comían su carne. También vi como se debían confesar los pecados, en un ritual de purificación, de tal forma que se preparara "espiritualmente" para el consumo del padre.
Estoy convencido que muchos ritos religiosos tienen algún fin, bien sea "purificar" el alma o evitar desastres naturales.
Por estos días se inició una polémica por la contratación de un chamán para evitar que lloviera en ciertos actos oficiales (posesión del presidente y clausura del mundial sub-20).
Dicha contatación generó un cuestionamiento: ¿debemos permitir que el estado contrate directamente esta clase de charlatanes con el dinero de los contribuyentes?, ¿cómo funcionan las cláusulas de cumplimiento del contrato?
Me preocupa el capital público porque es un bien común, el privado me importa un bledo porque cada cual se gasta su platica en lo que le de la gana.
Si bien el chamanismo puede ser pura charlatanería el estado no debe financiar ceremonia religiosas de ningún tipo ni con ningún fin. Ni para evitar la lluvia, ni para permitir que la gente (en un espectáculo de lo mas gore que he visto) visite un par de mililitros de sangre de un jerarca muerto.
La otra posibilidad es que se esté dando el retorno de los brujos y que mi iglesia de los jedis de los últimos días pueda ganarse uno que otro contratico con el estado.
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