Monday, July 15, 2013

De paseo por Bogotá hasta llegar a mi casa

He sido malcriado y lo reconozco. Mis desplazamientos dentro de Bogotá han sido en zonas de "comfort": cerca a mi casa, sitios de rumba del norte (85, 93), lugares cerca a la universidad. Nada lejos  del espacio que mi cerebro identifica como conocido.

Luego de llegar de Medellín me había malcriado aún mas, estaba acostumbrado a moverme en mi moto y/o en taxi. Al final de cuentas, como buen animalito de costumbres, en Medellín tampoco salía de mi espacio conocido (si quiere ver como me perdí en Medellín el día que sali del poblado siga este link).

Bogotá traería para mi un nuevo reto: aprenderme a mover por sitios de la ciudad por donde nunca había pasado y por los que, dada la distancia, un taxi sería un economicidio (suicido económico).

Inicialmente pensé en la salida mas cómoda: "pues algún colega que me saque a la 30 y desde ahí me voy en transmi". Esta salida funcionó mientras hubo alguien con carro que me llevara. El día que no hubo ese alguien empezó Brny a padecer. Por mi cabeza de macho primigenio (aquel que prefiere no preguntar en vez de reconocer que no sabe que hacer) pasaron las alternativas mas inverosímiles: 

"Esto es breve salgo hasta la esperanza caminando y desde ahí me monto en un bus que diga UDCA y ya está. Me deja en la Boyacá al ladito de mi casa" (Error: no tenía ni idea de hacia donde quedaba la esperanza ni si existera un bus que dijera UDCA)

"No pero si es mas fácil" me dije (¿a mi mismo?) "para que ir hasta la esperanza si la boyacá me queda mas cerca". De nuevo mi sentido de orientación me fallaba porque tampoco tenía ni idea de donde ni a cuanta distancia quedaba la Boyacá. Y aunque supiera donde quedaba la tal boyacá tampoco me iba a servir mucho porque no tenía (ni tengo) idea de que bus debería tomar.

Cansado de que mi cerebro me pasara un mal rato me tomé la molestia de preguntarle a un compañero del trabajo. ¿Cómo iba a hacerlo? Preguntar como llego a mi casa es como reconocer que no se donde estoy. Por un lado mi ego decia no lo hagas y por el otro mi estómago y mi cerebro cansado despues de una semana de trabajo, me insistían que preguntara. Así que me llené de valor (el mismo que necesitaba para hablarle a una vieja) y me le acerqué a Iván a preguntarle: "jey loco" dije poniendo la voz mas grave para no sonar inseguro "¿usted sabe como llego a colina desde acá?, es que después de vivir tanto en Medellín y con tantos cambios en el sistema de transporte estoy un poco perdido". No podía reconocerle tan de frente que no tenía ni puta idea donde estaba; ni que no sabía llegar a mi casa de una forma que mi bolsillo me lo permitiera y que estaba mas asustado que cuando mis papás me mandaron solo, por primera vez, a la portería a montarme en el bus del Colegio ¡ni de fundas iba a reconocer eso! Y es que tampoco fue necesario reconocerlo, Iván la cogió en el aire. Me dí cuenta cuando me dijo: "oiga pero usted es de Bogotá,  ¿no cierto? No le puedo creer que no sepa como llegar a su casa". 

Herido mortalmente en mi orgullo, hice lo que todo animal hace cuando se ve acorralado y mal herido: agachar las orejas y reconocer el trágico destino de mi existencia. "Si mk la verdad es que no tengo ni idea" dije como disculpándome. Iván, viendo a un macho de su genero herido, se ofreció muy gentilmente a ayudarme diciendo "jajajajajajajajajajajaja ¿en serio no sabe llegar a su casa? Mucho marica venga que yo creo que le sirve uno por la 68". Herido en mi orgullo, pero con las ganas de aprender, seguía a Iván por un camino inhospito: calles oscuras, dos puentes peatonales y un paradero que no es un paradero. Al llegar al destino (y no habiendo caminado ni 5 minutos) me dijo "listo Carlos. Acá pasa uno que dice Colina".

Mis ojos se debieron iluminar. Sabía como llegar a mi casa.

El viaje en bus fue todo menos agradable. Un espacio pequeño lleno hasta las escaleras de acceso. La gente empujaba y el conductor paraba donde le daba la gana. En ese momento enxtrañe transmilenio, ese sistema de transporte de buses rojos largos de los cuales muchos rajan hasta la saciedad. Luego de una hora y cuarenta minutos llegué a mi casa con una sensación de tristeza. No podía creer que no hubiera forma de llegar a una estación de transmi que me llevara a mi casa.

Al otro día, al salir del sitio de trabajo en la 26 con 68, me crucé con uno de los gloriosos buses rojos. ¡casi se me sale una lágrima! derrepente apareció en el Horizonte una gloriosa estación de buses rojos llamada 'el tiempo'. En esa estación me monté en un transmi cómodo, seguro y mas aseado que el bus de la 68. Ese transmi me lleva de paseo por la ciudad. Todos los días me da un paseo por el centro, me muestra diferentes caminos en la misma ruta, pero lo mas importante es que me lleva a mi casa :). Querido transmi me declaro tu mas fiel admirador <3.