Esta es una continuación de "Hablándole a la mujer equivocada - Parte I" ... le agradecería se ría tanto como yo escribíendolo y me ayudara a que @Mare_montoya y @Eli_montoya lo leyeran
RITUAL PARTE III
"¿A dónde vamos? … Al barranco como los lemmings"
Quienes me conocen, repito, saben que no le hablo a las viejas en los bares, pero esta vez tenía suficiente aguardiente en la cabeza como para no estar ebrio y tener los cojones de Charliee Sheen. Esa noche YO me sentía como un galán en potencia o por lo menos como una persona que no tiene nada que perder. Al final iba a ser otro NO como respuesta.
Me quedé mirando a una de las gemelas y apenas quedó un poco de espacio entre mi mesa y su mesa decidí acercarme a decirle alguna tontería. Recordé las lecciones de mi mejor amigo ese que siempre se levanta viejas diciéndoles alguna tontería, desarmándolas. Pero, como era de esperarse, no tenía ninguna idea. Me quedé, a medio camino, con un vaso de agua en la mano y con una cara de idiota. Ella se quedó mirándome con cara de “y a este que le pasa” y siguió bailando, yo por supuesto hice la jugada del amague me hice el loco como si se me hubiera desamarrado un cordón y me agaché a amarrármelo. Quedé como un doblemente idiota porque justo cuando me agaché me di cuenta que no llevaba zapatos con cordones.
Al llegar de nuevo a mi mesa (es decir al dar dos pasos de vuelta) estaba con la dignidad por el piso y completamente vencido. Tenía esa sensación de derrota, esa sensación que se transforma en una reacción instintiva para evitar volver a quedar en ridículo. Estaba dispuesto a no tratar, nunca más, de acercármele. No había hecho el ridículo una sola vez, lo hice dos veces en menos de 30 segundos. Tres en una noche no tenía sentido. Me acomodé en mi mesita y me serví un guaro doble, esperando que llegara la pregunta que sabía que iba a venir. Agaché la cabeza y esperé, con los ojos cerrados (y aún mirándome el zapato que pretendía amarrarme) ese codazo que al instante llegó. “¿Qué pasó colega?, te quedaste a medio camino”, me dijo el Soltero. Sentí de nuevo la derrota en carne propia y solo atiné a inventarme una tontería “no es que cuando me acerqué el que está con ella se puso enfrente mío pero balbalalla” Empecé a balbucear alguna especie de excusa en una jeringonza extraña esperando que, con el ruido de la música, mi colega no me entendiera y solo moviera la cabeza en un gesto de aceptación, cosa que no sucedió. Recibí otro codazo y me dijo “déjate de gilipolleces, ve y háblale de una puta vez. Igual ya hiciste el idiota dos veces, así que una tercera da igual. Peor no puedes quedar” (¡De nuevo estaban jugando mis cartas en mi contra!). Estaba decidido. Iba a volver a intentarlo ¡Al Barranco como los Lemmings!
RITUAL PARTE IV
"¿Qué se siente tener todo el bar mirándote?"
Ya había hecho todas las cosas que me podían quitar el poquito de dignidad masculina que me quedaba (y que había ganado con el buen uso de los codazos de mi colega), así que me tomé un guaro para ganar fuerzas y, tras una media hora o algo así, me animé a volver para ir a decirle alguna tontería. No tenía nada claro que decirle, solo sabía que iba a decirle algo.
Para este momento mis amigos ya habían pedido un par de cervezas, tomé una (para verme mas relajado como quien no quiere la cosa) me le acerqué y le dije algo como “No tengo ni idea de bailar pero si me enseñas hasta nos reímos un rato”. Ella con cara de sorprendida se quedó mirándome sin decir palabra y justo, cuando yo creo que iba decir que si, se acabó la canción y me dijo algo como “Ahora mas tarde es que ya se acabó la canción”. Nunca sabré si realmente estaba dispuesta a bailar o si su gesto fue medianamente despectivo. Solo sé que de los nervios me fui directamente a mi mesa con una sonrisa en la cara. No solo había vencido mis miedos sino que, aunque me lo esté inventando yo (cosa que puede ser), ella almenos había dudado en decir si si o si no. Punto para mí.
Evidentemente no iba a acercarme ahí mismo a decirle que bailáramos la siguiente canción. Seguro me vería como un necesitado e iba a decir que no. Prefería mantener distancia, como quien no quiere la cosa (¡como si alguna vez funcionara!) Y seguir en mi rollo. Ya había tenido suficiente suerte con que no me dijera que no de una. No iba a tentar el destino dos veces. Para este punto, no sé si quien este leyendo esto me entienda, mi reto no era, es ni será terminar siendo el galán de vereda que se las levanta a todas (además no tengo ni la presencia ni el interés de hacerlo), mi interés era vencer mis miedos. Dejar la tontería a un lado, hablarle a una desconocida y solo saber su nombre. Con eso ya había ganado. El reto era personal.
Tenía un embrujo mágico, cuando miraba a mi alrededor, tratando de ver como estaba el ambiente, era inevitable que mis ojos pasaran, por lo menos un segundo, por el sitio donde ella estaba. Para ese momento, aunque eran dos gemelas, yo ya sabía a cual le había hablado. Por lo menos yo ya podía diferenciarla.
El final de la noche se acercaba y con ella el fin del ritual de rumba. Los 4 teníamos que trabajar al otro día y estábamos lo suficientemente cansados con las lecciones de baile como para quedarnos un rato mas. No había sido capaz de volver a ir a hablarle, solo cruzaba una fugaz mirada para saber si ya se habían ido. Decidimos marcharnos y yo, ni corto ni perezoso, me decidí a ir de nuevo a hablarle. No necesitaba nada aparte de su nombre. Había hecho el ridículo, roto mis paradigmas y salido victorioso. Vini, Vidi, Vinci. Con eso mi victoria sería redonda.
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