Se que al final de esta carta pensarás que soy un viejito que, constantemente, dice que todo tiempo pasado fue mejor y me acusarás de retrógrado. Yo mientras tanto sigo recordándote como eras al principio: tosca, imperfecta, sin barreras que me impidieran conocerte y recorrerte. En tí viví (y vivo pero cada vez con menos deseo) una lujuriosa relación con el conocimiento, en tí viví en una perfecta Lujuria Digital.
¿Lujuria digital? Te estarás preguntando mientras lees este blog levantándo una ceja. Déjame explicarte.
Tengo casi 30 años y dos tercios de mi existencia (los tercios conscientes) los recuerdo a tu lado ¡hemos crecido juntos! Recuerdo con alegría cuando, en mis largas noches, me divertías con un conocimiento infinito. Me mostrabas mas de lo que yo quería ver e iluminabas mi ignoracia aumentando mi curiosidad; mientras mas ventanas me mostrabas mas me incitabas a navegarte. Recorrí con deseo algunas curvas de tu infinito cuerpo y, al recorrerlas, me invitabas a parar cuando iba muy rápido, a quedarme un rato en una llanura para decidir si creía lo que me mostrabas o me iba a explorar un valle que me diera otro panorama. Nunca fué aburrido armar la foto del mundo. A tu lado me diste elementos para armar mi foto panorámica, foto que hoy llamo criterio. Me ayudaste a construir, con retazos y sin filtros, mi propia perspectiva del amanecer del conocimiento.
Te mostrabas tal como eras y me enamoraron tus imperfecciones. No había barreras ni filtros entre tu y yo (solo los que yo quisiera ponerte para adornar tu delicada imperfección), yo elegía que ruta tomar y qué caminos (algunas veces recovecos) recorrer para saciar mi lujuria por el conocimiento.
Muchos empezamos a recorrerte y, para facilitarnos la vida, suavizaste tu piel con velos que empezaron a tapar tus imperfecciones para hacer que nuestros dedos recorrieran mas rápido tu cuerpo; en algunos de los parajes, que siendo silvestres eran concurridos, permitiste la construcción de grandes complejos para atender a los asistentes, y empecé a ver con tristeza como todos los que empezaron a llegar a ti, a recorrerte, volvían con la misma postal, la misma foto panorámica.
Tus velos, complejos turísticos y autopistas llevan a los visitantes (cada vez mas frecuentes) a recorrer los mismos sitios, a pasar por los mismos caminos y a tomar la misma foto ¡ay, Como te extraño jóven y desnuda, imperfecta y caótica!
De tantos velos y autopistas los recovecos se perdieron, y en un ataque de orden, consecuencia de tu llegada a la adultez, decidiste, sin consultarme, que yo debía recorrer autopistas y visitar parajes concurridos. Yo, que te ví y recorrí desnuda, ahora me veo impotente y sometido a tus velos y filtros, pagos por el mercado y construidos con la desgracia del SEM y el SEO. Me montas obligado a un bus de turistas cuando yo soy un explorador.
Sostener tu magnificencia debe ser costoso pero te pido (y lo hago desde el fondo de mi corazón digital que hace latir mi cerebro y que alimenta mi lujuria por el conocimiento) que me dejes escoger. No te pido que te desnudes ante todos, no que te deshagas del mercado, ni que dejes de venderle porciones de tu cuerpo. Solo te pido que, si he de compartirte, me dejes escoger. No encierres a este explorador en una jaula sin darle la llave para salir a recorrer tus curvas mas salvajes y tus mas recónditos parajes.
Querida amante, mi primer amor. Me despido por ahora.
Atentamente,
Yo.
No comments:
Post a Comment