El 6 de noviembre de 1985 la historia reciente de Colombia vivió un punto de inflexión. Lo sucedido ese día quedará marcado en la memoria de aquellos colombianos que vieron por televisión y oyeron por radio (antes de la orden de Noemí de no transmitir información) como un grupo guerrillero se tomaba el Palacio de Justicia. Entraron en camionetas y armados dispuestos a dispararle a civiles, matando escoltas y atentando contra la democracia de una País. Colombia, siempre herida de muerte, recibía otro balazo de sus mismos ciudadanos. El color rojo de esta triste patria, siempre presente en su bandera y en la sangre que brotaba por esta nueva herida, teñía la realidad nacional pero no dejaría ni la mas mínima mancha en la memoria de los Colombianos.
Colombia, mal herida del balazo de la toma, no demoraría en recibir otra herida. Sus fuerzas armadas se retomaban el palacio buscando salvar la democracia (Maestro), pero en el proceso violaban derechos humanos. Estas nuevas gotas de sangre, las de la herida generada por aquellos que se retomaron el palacio violando los Derechos Humanos, si dejaría una marca imborrable.
Esa Colombia, mal herida dos veces luego de la toma y la retoma, cerró, mal cerrada, una de las heridas con un indulto que para mi, luego de 26 años, no tiene ni pies ni cabeza. Perdón y olvido. Esa herida estaba condenada a volverse un quiste, un doloroso quiste.
26 años después esa Colombia mal herida y mal cicatrizada siente en Bogotá (el órgano que recibió las heridas del palacio de justicia y las travesuras de Samuel como alcalde) las consecuencias. Esos mismos que promovieron darle balas a MI país y a MI ciudad ahora quieren ser, y tienen una oportunidad real de serlo, alcaldes de la ciudad.
Yo nací el día que se tomaron el Palacio de Justicia y creo que para ayudar a que este país cicatrice bien se requiere memoria (tenerla y promoverla). La ley pudo haberles dado perdón y olvido, pero nuestra memoria colectiva no puede darle absolución. Los culpables de las heridas requieren, como diría Mockus, castigo político y ese castigo político sería no otorgándole votos. Esta vez será Petro pero piense usted si en 20 años votaría por un Ideólogo de las AUC y si habría votado por Jacobo Arenas.
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